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    El erotismo en la fotografía

    septiembre 30, 2017

    Hace cosa de un año, deambulando por librerías de segunda mano de Barcelona, me topé con el libro ‘Desnudos eróticos del pasado‘, de William C. Taylor. Me fascinó. El libro recopilaba retratos de desnudos eróticos de finales del siglo XIX y principios del XX, aderezándolos con poemas de ilustres como Charles Baudelaire, Valerius Catallus o Paul Verlaine. Esto trae a resumen el título de este post: El erotismo en la fotografía.

    No lo compré en aquel momento, y me arrepentí durante meses: cuando por fin conseguí recordar dónde estaba dicha librería, el libro había desaparecido. Sin embargo, la casualidad y el empeño por no escuchar más mis quejas hicieron que me lo regalaran el pasado abril.

    Evidentemente, ante el planteamiento del desnudo aparece el dilema de la pornografía y la mera contemplación del cuerpo como elemento puramente sexual, alejándose de cualquier consideración artística. En realidad, el problema resulta del concepto de pornografía únicamente a partir de sus connotaciones más negativas, en general centradas en la sumisión de la mujer a partir de una estructura social mayoritariamente patriarcal.

    No pretendo generar debate alrededor de este concepto, aunque es evidente que esa delgada línea que separa lo artístico de lo vulgar resulta altamente atractiva. Incluso, yendo un paso más adelante, lo controvertido de hallar lo artístico dentro de lo obsceno, o tratar de encontrar un porqué a la evolución de la concepción del pudor y de lo impúdico puede convertirse en el detonante de nuestro interés por el mundo de los desnudos en la fotografía.

    En mi caso, me apasionan las fotografías de desnudos de principios del siglo pasado. Y es probablemente a causa de ese cambio en la percepción de lo erótico, la insinuación y la obscenidad con el paso de los años, que me muestra en cierta manera lo inusual pero sin lugar a dudas pudoroso del erotismo de esa época.

    A comienzos de la década de 1850 empezaron a aparecer en Francia las primeras fotografías que presentaban el cuerpo femenino de la mano de fotógrafos como Eugène Durieu o Félix-Jacques-Antoine Moulin. Durante los primeros años del siglo XIX, después de la revolución francesa, los cuerpos masculinos habían copado la atención de los artistas.

    Sin embargo, a partir de la Segunda República francesa (1848-1852) esa atracción se fue desplazando hacia el erotismo del cuerpo femenino, en cierta manera la antítesis del masculino, que era mucho más esbelto y enjuto.

    Las primeras fotografías de desnudos eran consideradas documentos, no obras de arte, y no tuvieron una buena acogida por parte de la opinión pública, por lo que no se exponían junto a otras fotografías en galerías.

    Aparecieron por supuesto distintos niveles en la fotografía: mientras algunas buscaban la belleza a través del desnudo, otras tantas se centraban en simplemente en desnudez como elemento fetiche.

    Y es que gran parte de las fotografías, concebidas teóricamente como estudios para pintores u otros artistas, que los utilizaban como modelos, se convirtieron en objetos pornográficos que alimentaban el voyeurismo de parte adinerada de la población, carentes de interés o de la suficiente educación como para sentirse atraídos y cómodos con la pornografía en forma literaria, que había sido hasta entonces el medio usado por la élite para acceder a ese tipo de productos.

    En Inglaterra, las mujeres también coparon el arte de la fotografía, pero en este caso mayoritariamente vestidas, alentadas por el recato aparente de la sociedad victoriana. Se reflejaban en ellas el culto a la vida doméstica y, en un segundo plano, el limitado papel de la mujer, alejadas de los negocios y la política. Lady Hawarden o o Julia Margaret Cameron son algunas de las fotógrafas más destacadas de la época.

    Contemporánea a ellas, aparece Gertrude Käsebier y posteriormente, Annie W. Birgman, coincidiendo con el desarrollo del femenismo moderno, entre 1890 y 1920. Brigman huye de los convencionalismos sociales y defiende la libertad física de la mujer, comenzando por el abandono de los trajes ajustados y los corsés a favor de otros vestidos más sueltos. La presencia de la naturaleza como símbolo de libertad evidencia esa intención, como podéis ver en la siguiente fotografía.

    A menudo, eran prostitutas las protagonistas de fotos a mujeres. Aún así, el control de una mujer sobre su propio cuerpo queda cada vez más patente, como se aprecia, por ejemplo, en la foto de Alice Austen en “Julia Martin, Julia Bredt y yo disfrazas de hombres”, en la cual ella y sus amigas se visten de hombres, por supuesto en contra de cualquier convención existente.

    Evidentemente, a lo largo de los años la concepción del desnudo, del cuerpo femenino y su relación con el papel de la mujer en la sociedad ha ido evolucionando. Más adelante hablaremos de ello, pero de momento os dejo un documental sobre el tema y un ligero tentempié con algunas de las obras de grandes fotógrafos contemporáneos como Guido Argentini o Guy Bourdin. Bon appétit.